Reconciliación
un encuentro de vestidor
“Una conversación de reconciliación con vos y con todos los puntos de vista que tuviste” le dije a mi clienta mientras lloraba.
Lloraba por el tiempo que había pasado en un lugar de autocastigo, de no reconocimiento y de postergación por infinitas cosas que abarcaba en su vida.
Lloraba en profundidad, me pedía disculpas mientras lo hacia, como si el control quisiera seguir formando parte de sus espacios…ni en el momento más vulnerable este le permitía ser.
El silencio y la pausa, entre el armado de looks, nos tuvo como protagonistas de una tarde que para siempre va a vivir en el corazón de ambas.
Una sesión que vio aterrizar el perdón a su vida, la compasión como movimiento despreocupado pero activo del amor a sí misma, y el reconocimiento por quien elegía ser desde ese presente en el que estábamos.
Esta experiencia de una sesión de estilo personal & energía, se presento como flash hace unos días y automáticamente pensé en compartírtela.
Viene con el perdón como este ejercicio del alma que nos hace mejores, aunque cueste lo que le pese al ego.
Siempre, siempre, el regalo del perdón es para una misma. Asumir la responsabilidad del rol que nos tiene víctima de cualquier circunstancia, es retomar el propio poder.
Es que muchas veces la relación imagen y actitud viene del reflejo de lo que el entorno juzga e impide que se despliegue. Y esto hace que se asuma como verdad absoluta cediendo el derecho a decidir.
Claro se precisa determinación y también decisión de ser. Que en ocasiones se omite, silencia y reemplaza por el punto de vista de otros.
¿ Pero porque no se asume el deseo de compartirse desde el propio estilo?
Varias respuestas, pero hoy la responsabilidad y el perdón nos sirven.
Nos responden en alto que movernos con el perdón como bandera de no recoger ni asumir los decretos-juicios-consejos de otros sobre que decidimos o no vestir PERDONANDO ( que ya sabemos es más profundo que externo), que nos permite soltar para seguir en liviandad de elegir lo que hace bien.
Y la responsabilidad de interpretar ese rol que se ansía vivir, vestir y comunicar, como voz propia y no ajena, con todo lo que eso trae...principalmente vivir protagonismo.
¿ Te animas ?
Recordando a mi clienta, en esa mismísima tarde comenzó un camino de perdonarse a sí misma y en consecuencia a todo lo que había tomado como propio, pero que era prestado. Como si esas ideas fijas que no atrevía a interpelar se hubieran agrandado y resultaron de un talle que ya no podía vestir, porque le pesaba y arrastraba.
Casi que se soltaron solos.
Gracias por compartir una lectura más.
Hasta la próxima semana.
Iva.


